Cuando yo me enteré, a demás de la emoción, sentí grande el alma. .
¿Qué tiene de anormal una cajita musical con una bailarina y un bailarín? Yo pensaba lo mismo, hasta que me enteré, que una cajita chiquita, tan chiquita, pero tan chiquita, como las ganas de empezar la rutina, tenía vida. Lo voy a explicar mejor, porque la verdad, cuesta creerlo.
Resulta que cuando la muchacha ; Dueña de la cajita musical, y de un amor no correspondido, estaba ausente, los bailarines , escondidos en la cajita musical cobraban vida.
Abrian los ojos como lechusa en plena noche y se contaban sus vidas. En cada baile bien dado, en cada giro, en cada salto, en cada mirada... ellos se iban conociendo. Y así pasaban los días, llenos de pena por estar encerrados en una caja, pero juntos. Estar juntos…claro que al principio ellos no lo veían, pero era como la cura a todo. Sentir la piel del otro, sentir sus ojos brillar…su pelo, su boca, su nariz , su vos, esa música tan suave pero que llena el alma, tan solo saber que el otro estaba ahí, era un placer, un alivio, un calmate , simplemente un paraíso, que solamente lo habitaban ellos.
Ella se llamaba Cristal, muy tímida, casi casi como el sol a la mañana. Pero la mirada de aquella bailarina trasmitía desde paz, hasta misterio. Unos ojos marrones que se lucían hasta cuando dormía, a la luz de la vela. Sus pechos, pequeños médanos de amor y placer. Su piel color café llamó la tensión de su compañero.
El, se llamaba León. Unos ojos que trasmitían mucha dureza, sin embargo su cuerpo eran parecido a una paloma, en busca de amor, paz y libertad. Un corazón duro como piedra y sus manos mostraban debilidad.
Dos corazones, dos bolsas de emociones…pero que caminan por veredas muy diferentes.
Sin demasiada prisa, me pregunté cómo es posible que dos mentes tan distintas lleguen a tocarse el corazón.
Como antes ya eh dicho, el amor entre estos dos mágicos bailarines, al principio tuvo sus complicaciones.
Una tarde, encerrados en la cajita, Cristal le habló.
- ¿Sabes que pensaba?
- ¿Qué? - Casi durmiendo respondió la cabeza de León
- Que mientras la dueña no habrá la caja, podríamos bailar igual, ¿no?
El no contestaba.
- No sé… si no me aburro. – le volvió a decir, para que conteste.
- Te aburrís porque sos chiquilina, ¿porqué no dormís? (con cara de enojado)- respondió el, de muy mal humor.
Ella puso un gesto triste, se cuestionaba porque él no quería ni siquiera conversar. Pero Cristal, era muy parecido al material que lleva su nombre, ella no quería buscar fardo, entonces respondió sin asediar demasiado.
-No soy chiquilina, ¡pero dale! Bailemos…prometo luego no chincharte.
- Bailamos si admitís que sos chiquilina. Levantando la cabeza y con las manos en la cadera, menos serio.
Ella lo abrazó con la fuerza del amor y le dio un beso con tanto cariño como las ganas de bailar que poseía en ese instante. ¡Maldita ocurrencia!
León puso cara de pocos amigos, la empujo lastimándole las piernas y el alma. Se le acercó y en un grito tan fuerte como la soledad que sentía adentro, le dijo:
- ¿Qué haces, te volviste loca?!
Ella con lágrimas de fondo, entre-cortada la voz, trató de responder:
- Te quería dar las gracias por … – dijo y no la dejó terminar
- ¡No, no! No quiero saber, la verdad no quiero saber más nada de vos, ni de tus besos, ni de tus abrazos, a mi me dejas solo.
- Pero es qué no quería molestarte, solamente… – parece que León se había vuelto de piel y carne, y siguió. Siguió sin importar que largaba agua el alma de Cristal.
- Te dije que no me interesa. Ni saber porque, ni saber de vos. ¡Nada! – Cada vez mas enojado y rajuniando cada vez más el alma de cristal.- Sos una chiquilina, ¡nose porque no seguí solo! Toda mi vida estuve solo, y siempre estuve mejor… Ahora basta, se terminó el dialogo entre nosotros. A partir de ahora vamos a mantener contacto cuando la dueña de la caja quiera que bailemos. ¿De acuerdo?
- ¿De acuerdo?- Repitió.
Cristal, tan débil como su nombre, no respondió y siguió llorando. En su cabeza había mucha angustia…No entendía como León podía ser tan salvaje. Y tampoco entendía porque su corazón no dejaba de quererlo tanto. Las ganas de mirarlo, de preocuparse por el… seguían intactas. Como si fuese que el grito y el empujón nunca hayan existido en la vida de Cristal. Como si solo haya sido una mentira, una imaginación…un sueño. Ella seguía hipnotizada por León.
Cristal, con todo el dolor de su alma, cumplió el deseo de León. No le habló nunca más, por más dolor que haya en el medio, se mantenía de rabia para no pronunciarle ni siquiera ese “buenos días” que se le dice hasta el peor enemigo, solo por educación.
Claro que ese “nunca más” fue ilurioso.
Pasaron los segundos… los días, luego pasaron semanas, hasta que llegaron los meses, y pasó uno, pasó dos, y pasaron tres…
León amaneció escuchando las lágrimas de Cristal, que se estaba rompiendo, literalmente.
No podía respirar, y su piel morena se estaba convirtiendo en una hoja blanca de papel.
Sus ojos se habían puesto de color colorado. Era señal que Cristal no se encontraba en su mejor momento.
- ¿Qué te pasa Cristal?
Cristal se limpió rápidamente las lágrimas y abrió los ojos. Era increíble lo que acababan de escuchar sus oídos. ¿León había abandonado su orgullo al menos por un instante, por más corto que haya sido?¿Los ojos de León dejaron de ver su propio obligo? . Cristal tardó en contestar, unos cuantos minutos. Resultaba un sueño para ella llamar la atención de León después de tres meses. ¡Se había olvidado de el tono de vos! Y sin embargo, la volvió a escuchar.
Cómo ese rock que tanto te gusta escuchar. Esa adicción por el sonido había atrapado a Cristal, y después de tres meses la volvió a escuchar.
- Extrañaba el tono de tu…
Cristal estaba acostumbrada a que León nunca la deje hablar. Esta vez se equivocó.
- ¿El tono dé?- Dijo él, jamás antes tan concentrado.
- El tono de tu voz. Lo necesito escuchar. Y también tengo que tenerte cerca. Cuando vos te alejás mi corazón se hecha a dormir. Y me cuesta mucho la vida sin tu compañía. ¡¡Por favor, quedáte conmigo que me siento mejor!! – Cristal se hiba componiendo. Pues era muy cierto todo lo que le comunicó a León.
León quedó descorsertado (Yo me hubiera quedado igual, o peor). Son esas cosas, o acciones que pasan en el instante que uno menos espera. Una nube de pensamientos y reflexiones flotaban en la cabeza de León, que estaba inmóvil mirando a Cristal.
León comenzó a pensar, o quizás a reflexionar… La cara de Cristal le comunicaba que su orgullo ya había traspasado todos los límites.
Los ojos y la cara de Cristal también le hicieron pensar que era necesario para alguien, al menos una vez en su vida. Más allá de los golpes, de el abandono… de la miseria, de la injusticia que había sabido sufrir de chico, se dio cuenta que tenía enfrente de su cara la posibilidad de ser feliz, de ser amado y amar sin miedo a un Cristal. Un cristal tan frágil, pero que le demostró la cosa más dura de la vida quizás, el poder ser felíz.
Y ese día Cristal y León desafiaron a la felicidad como nunca antes nadie lo hiso. Con pasión, ternura , amor y satisfacción le ganaron a todos los miedos que se entremetieron ese día.
En casa abrazo, en cada beso, esa caja que los tenía cerrados se fue abriendo , se fue abriendo para sellar ese amor tan puro y tan difícil pero que juntos lograron llevar a cabo.
Y es el día de hoy, que todos los bailarines de cajitas musicales los recuerdan como la pareja más valiente & pura que hubo en la historia. FIN